¿Cómo sería el mundo si no tomáramos medidas conservacionistas? La respuesta es que, aunque la biodiversidad esté disminuyendo por todo tipo de presiones, la situación sería mucho peor si no hubiéramos hecho nada", asegura a este diario Michael Hoffmann, miembro de la Comisión de Supervivencia de Especies de la IUCN.

La ballena gris

Desde hace unas décadas, este gigante marino surca la costa norteamericana del Pacífico sin miedo a ser arponeado por los buques balleneros. La regulación de la caza comercial ha conseguido que la ballena gris (Eschrichtius robustus) pase de ser una especie en peligro de extinción a estar catalogada por la IUCN como "preocupación menor".
"La decisión se tomó, en parte, porque la población ha crecido continuamente hasta alcanzar su presunto tamaño original, previo a la era de la caza ballenera", explica a EL ESPAÑOL Manolo Castellote, investigador en el Laboratorio de Mamíferos Marinos de la Administración Nacional y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés). Según datos de esta agencia científica, la población de la costa norteamericana crece a un ritmo del 2,5% y se sitúa en torno a los 26.600 ejemplares.
Sin embargo, el biólogo marino recuerda que, aunque esta población (la del Pacífico noreste) haya conseguido salir de la lista crítica, las ballenas grises del Pacífico noroeste (la costa asiática) siguen en grave peligro de extinción, pues apenas quedan 100.
La principal amenaza de estos cetáceos –que pueden llegar a medir 15 metros de longitud y pesar 35.000 kilogramos– son los choques con los buques mercantes. "Parece que la ballena gris no es lo suficientemente ágil como para evitar la colisión, algo que puede estar relacionado con un aumento del ruido ambiente general debido al aumento del tráfico marítimo, que dificulta a las ballenas localizar el buque en rumbo de colisión", baraja Castellote.
Un ejemplar de ballena gris se eleva sobre las aguas
Un ejemplar de ballena gris se eleva sobre las aguas

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